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domingo, 17 de enero de 2010

LA AVENTURA DE TENER UN HERMANITO | SER PADRES



   Niños de 1 a 3 años

Cuando los padres deciden dar un hermanito a su primogénito, en muchas ocasiones éste se siente incómodo ante tal idea. Ya no es el centro de todas las atenciones y, por lo tanto, siente celos.


La mayoría de las parejas deciden tener un segundo hijo cuando el primero tiene entre dos y tres años. Los psicólogos consideran que esta diferencia de edad es la apropiada. Por un lado, el mayor ya no es un bebé (controla los esfínteres, camina perfectamente...), pero no se llevan tantos años como para no compartir juegos, horarios e, incluso, habitación. 

Pero todos los primogénitos son "príncipes destronados" y todos sienten celos de su hermano pequeño. De la actitud de los padres dependerá que el choque emocional que supone la llegada de un hermano se convierta en algo pasajero. No hay que darle la noticia demasiado pronto, pero tampoco debemos esperar a que se percate de que la tripa de su madre está creciendo demasiado. 

En cualquier caso, los padres son los que deben dar la noticia, nunca un vecino, amigo o familiar. Antes de comunicarle que va a tener un hermanito conviene prepararle: Mostrando interés y agrado con los bebés; recordándole que algunos de sus amigos ya tienen un hermanito y comentando con él lo divertido que será ocuparse del cuidado de un bebé.


Ser Padres
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  ¿Cómo decirle que estoy embarazada?

El niño necesita prepararse para la llegada del hermanito. Los meses del embarazo son estupendos para que se vaya haciendo a la idea poco a poco. Como aún son pequeños, preguntarán frecuentemente cuándo nacerá. Lo mejor es contestarle de forma muy sencilla: para la primavera, cuando llegue el verano... Hay varias fórmulas para conseguir que se interese por el futuro bebé:

  - Invitarle a que pegue su oído a tu vientre y escuche su corazón Procurar que se relacione con su hermano a través de la tripa, con palabras abrazos o caricias.

  - Si lo permite el médico, es bueno que esté presente en una ecografía. Será una forma de darse cuenta de que lo que lleva mamá en la tripa es algo vivo.

 Y también es muy eficaz implicarle en la preparación de las cosas que necesitará el bebé como dejarle que participe en la elección de los muebles de la habitación, llevarle a comprar la ropita y dejar que elija alguna prenda. Saca con él sus cosas que le han quedado pequeñas y escoge las que prestará al hermanito y nunca le digas que ya no son suyas y déjale que se quede con alguna prenda o con algún juguete.

No es necesario insistir demasiado en la llegada del hermano. Por ejemplo, si hablamos constantemente de la situación, pensará que es algo demasiado importante, tal vez más importante que él. Y si le repetimos que pronto tendrá un compañero de juegos, posiblemente le decepcione encontrar un ser diminuto que sólo sabe llorar y dormir.

  El día del parto y regresar a casa con uno más en la familia

Debemos avisarle que papá y mamá irán al hospital a buscar al hermanito. Los días de ingreso conviene que se quede en casa si es posible con algún familiar. Si sacamos al niño de su casa, puede ser que al regresar sienta que el otro ha invadido su territorio. Debe ser él quien le dé la bienvenida a la casa que van a compartir. 

El padre debe visitarle con frecuencia y, si lo permiten en la maternidad, llevarle a conocer a su hermano siempre que la madre esté bien y pueda levantarse para abrazar al mayor. El niño puede asustarse si la encuentra en la cama y rodeada de cables. El día de la visita, tienen que ir vestido con sus mejores ropas y le gustará llevarle un regalito a su madre. Una buena forma de animarle es comprar un regalo para él para celebrar la llegada del hermano y dárselo cuando le conozca o al llegar a casa.

  Regresar a casa con un bebé

  Es uno de los peores momentos para el primogénito. Muchos niños que han vivido con naturalidad el embarazo y han aceptado al bebé con alegría en la maternidad se hunden cuando lo ven llegar en brazos de su madre y, sobre todo, cuando ven cómo se alimenta. 

Cuando vea lo que significa dar el pecho puede que, incluso, arranque a llorar. El vínculo con el recién nacido es demasiado fuerte y él lo nota enseguida. No obstante, no hay que demostrar desinterés por el bebé, ni esconderse para hacerle carantoñas o mimarle. Tampoco hay que decirle que no queremos al bebé en un afán de demostrar que le preferimos a él. Con el tiempo, sabrá que el cariño se reparte y que hay para todos.

  Algunos trucos para evitar los primeros celos

 Si le cuesta ver cómo mama el bebé, puedes irte a otra habitación, al menos hasta que comience a considerarlo algo normal. Es bueno regalarle un muñeco al que pueda bañar, dar de comer, vestir... Si se parece a su hermanito, mejor y si le compras cosas parecidas a las que tiene el bebé de verdad, podrá imitarte y descargar de esa manera mucha de sus tensiones. 

Un remedio infalible para tranquilizar sus celos es acostar al bebé y, entonces, dedicarle un rato en exclusiva. Puede ser el momento antes de ir a dormir o el baño o algún paseo a solas con él. Debes pedir a las visitas que no dirijan su atención exclusivamente al recién nacido. Si llevan un regalo para él, conviene avisarles que también traigan un detalle para el mayor. Repetirle lo bueno que es ser mayor y las ventajas que tiene (se acuesta más tarde, cena con los padres, se sienta en el salón a ver la televisión...).

Durante los primeros meses de la vida del hermanito debemos fomentar las relaciones sociales del mayor. Si ya va al colegio o a la guardería, procura que no se modifique demasiado su vida cotidiana. Déjale que juegue con sus amigos fuera de casa y que salga con sus tíos o primos sin el bebé.

  Reacciones normales de tu hij@ mayor

 A pesar de todos los esfuerzos, es posible que el niño tenga alguna reacción inesperada. La mayoría de las veces son totalmente normales y desaparecen a los tres o cuatro meses. Le gustará comportarse como un bebé. Es importante que le dejes hacer pero aclarándole que se trata de un juego y que prefieres que sea un niño mayor. Puede que duerma peor y que rechace irse a la cama. Llorará más de lo habitual y por cosas que nunca ha llorado antes. Intentará llamar la atención, especialmente en los momentos más delicados: cuando estés cambiando al bebé, cuando le des de comer... Puede que muestre agresividad hacia el bebé o, incluso hacia la madre. Debes limitar los arranques de ira, pero considerándolos totalmente normales.


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